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“Una gloria silenciosa” 200 años de Ciencia Argentina

Se publicó “Una gloria silenciosa”, de Miguel de Asúa, libro que pone de relieve cuáles fueron los logros más importantes de las ciencias en la Argentina y explica sus aportes al conocimiento universal. El libro, que se concentra en el período transcurrido entre 1810 y 2010, apunta a relacionar la ciencia con el acontecer histórico y el sustrato social.

Fuente: Agencia CyTA

Después de la de José Babini, cuya primera versión tiene más de 50 años, acaba de ser publicada la primera historia de la ciencia en Argentina para el público general, que abarca desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Una gloria silenciosa. Dos siglos de ciencia en la Argentina (Editorial Libros del Zorzal) es el título del libro escrito por Miguel de Asúa, doctor en medicina y en historia y especialista en filosofía de la ciencia.

Esta obra está escrita con el lenguaje ameno y accesible. De acuerdo con Asúa su estilo de comunicación científica fue adquirido no sólo a partir de su experiencia como escritor, y como editor de Ciencia Hoy, una importante revista de divulgación científica de la Argentina, sino también a raíz de la necesidad de tener que dar clases a auditorios muy distintos, “en cuanto a nivel de educación y a estilo, gente de ciencias duras, sociales, humanidades, público general y también audiencias muy exigentes. La familiaridad con el mundo de habla inglesa, donde se acentúa la claridad del discurso, fue decisiva.”

La obra tiene 300 páginas y más de 140 ilustraciones, “muchas  de las cuales corresponden a fotografías nunca publicadas del Archivo General de la Nación”, señaló a la Agencia CyTA el doctor Asúa. Algunas de las imágenes, que son complementarias y que se articulan con episodios históricos de la ciencia argentina descritos en el libro, son un mapa de la argentina hecho en 1773 por misioneros jesuitas, la foto de un reloj solar fabricado por guaraníes de las misiones jesuíticas y fotos de un libro publicado por el diario La prensa de 1857 que difunde la teoría eólica de la formación de La Pampa. También se pueden visualizar  fotos de destacados investigadores del país y de los primeros observatorios  astronómicos del país en Córdoba y La Plata, entre muchas otras escenas y lugares.

Fue en el marco de la celebración del Bicentenario de la Revolución de Mayo, que la Fundación Carolina de la Argentina le encomendó al doctor Asúa la tarea de escribir un libro que describiera la evolución de la historia de la ciencia en la Argentina, que si bien parte de los remotos orígenes virreinales de la ciencia en el Río de la Plata, se concentra en los dos siglos transcurridos entre 1810 y 2010.

“La idea de libro es doble. Por un lado, tratar de poner de relieve cuáles fueron los logros más importantes de las ciencias en nuestro país y explicar en qué consisten. Pero a la vez, intenté relacionar esta ‘cadena de cumbres’ con el resto del paisaje, es decir, con el acontecer histórico que fue el sustrato social dentro del cual creció nuestra tradición científica”, indicó Asúa. Y agregó: “El público suele haber oído hablar de nuestros Premio Nobel, pero son muy pocos los que entienden cuáles fueron los aportes de los grandes científicos argentinos al conocimiento universal.”

Pese a que Asúa, que se desempeña en la actualidad como investigador del CONICET, no pudo incluir a todos los hombres y todas las mujeres que forjaron la ciencia del país, el número de personajes mencionados en el índice oscila los 400, con lo que el libro no sólo se convierte en una obra de divulgación, sino también en un breve manual de referencia. “Este trabajo resume el cuarto de siglo de mi oficio en el tema y asocia temas de ciencia con temas de historia, es decir, que son dos libros en uno que están articulados con cuidado”, destacó el autor.

En la introducción del libro, Asúa escribe: “A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la Argentina pudo construir el sistema científico más sólido y con mayores logros de toda Iberoamérica. Podremos mantenernos a esta altura o deslizarnos en el tobogán de la decadencia, pero lo que nos depare el provenir no nos quitará nada de lo que hemos logrado.”

En la década de 1940 Bernardo Houssay ya discutía la cuestión del “drenaje de cerebros”, afirmó Asúa. “Es un fenómeno global, no sólo argentino, aunque nuestro país sea uno de los que más lo ha sufrido, debido a la muy buena calidad de nuestra educación científica. Creo que el único método efectivo para luchar contra la fuga de cerebros es generar aquí un oferta competitiva desde el punto de vista salarial y de financiación del trabajo, con perspectivas profesionales en una atmósfera previsible”, puntualizó.

Asimismo el especialista destaca que el libro cuenta con contribuciones especiales de otros colegas que le dan una dimensión de pluralidad y diálogo interno en el que se conjugan distintas visiones sobre importantes capítulos de la historia argentina. Tales son los aportes de Analía Busala, de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Diego Hurtado de Mendoza, director del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y de la Técnica José Babini, de la UNSAM, Marcelo Montserrat de la Academia Nacional de la Historia, Eduardo Ortiz del Imperial College de Inglaterra, Irina Podgorny, del Museo de La Plata, y Lewis Pyenson de la Universidad de Western Michigan (Estados Unidos).

“Conocer la historia de la ciencia, en sus dimensiones académicas, sociales y políticas, nos ayuda a entender mejor de dónde venimos y a pensar con más fundamento adonde vamos. Me parece importante tomar conciencia de la espesa matriz socio-cultural dentro de la cual tomó forma nuestro sistema científico, para apreciar sus fortalezas y sus debilidades, aprender de la experiencia y formular proyecciones más realistas”, explicó Asúa.

Luego de mencionar a los muchos argentinos que se han atrevido a responder “las grandes preguntas” las que aspiran, como quería Francis Bacon (1561-1626) a iluminar los oscuros misterios de la naturaleza sin otro fin que desplegar lo que el filósofo canadiense Bernard Lonergan (1904-1984) llamó el “puro deseo de conocer”, Asúa concluye en su libro que “a ese juego exigente y duro, hemos contribuido a lo largo de más de dos siglos, a tal punto de habernos ganado un lugar decoroso en la gran corriente de la historia de la ciencia moderna. Es por eso, entre otras cosas, que podemos celebrar con dignidad este Bicentenario. Es por eso que podemos mirarnos a nosotros mismos en el límpido espejo de una gloria silenciosa.”

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28 septiembre, 2010 at 10:00 am Deja un comentario

Libro del día: Por dentro todo está permitido – Jorge Baron Biza

Lo bello y lo triste

Jorge Baron Biza había publicado una novela extraordinaria, El desierto y su semilla, cuando pocos años después se suicidó, en 2001. La tragedia de la historia familiar marca sin dudas su destino de escritor, pero siempre luchó contra la reducción autobiográfica. La publicación de Por dentro todo está permitido (Caja Negra-Cceba), donde se recopilan sus reseñas, retratos y ensayos, amplía la comprensión de un autor que merece mucho más que ocupar el casillero de descendiente de la raza de los malditos.

Por Claudio Zeiger

Fuente: Radar libros

Más de diez años antes de dar a conocer El desierto y su semilla, en un artículo que ahora se recopila en Por dentro todo está permitido, Jorge Baron Biza establecía un punto de vista respecto de su historia familiar. Era una respuesta, o más bien un comentario, a una nota de Enrique Sdrech que Baron Biza juzgó excelente, acerca de la trágica relación de sus padres, Raúl Baron Biza y Clotilde Sabattini. Ahí escribió: “He luchado con mi historia familiar, con la manera en que debo acomodar los hechos para seguir viviendo. Procuré durante muchos años no decir una palabra sobre el tema. Después traté de enfrentar fantasmas, girando con lupa y escalpelo en torno de viejos episodios. Ahora sé que no hay nada que acomodar, ni ocultar, ni exhibir. Que cada amor conserva sus huellas propias, en las que están impresos más allá de las palabras, los sentimientos; que éstos sólo son contradictorios para las palabras, pero que permanecen firmes, poderosos e inexplicables mucho después de que morimos”.

Cuando finalmente decidió romper el silencio y escribió –y publicó– la novela familiar, Baron Biza se consagró y marcó también un límite, su límite. Quedó encerrado en la dulce trampa de la autobiografía; digo dulce porque sus redes son tibias. Lo empujaban a pensar salidas del laberinto. Lo habían dejado en una suave disponibilidad. Ser otra clase de escritor sin negar lo hecho. Cambiar el rumbo. Empezar una nueva vida literaria. No nos dejó otra novela, pero este volumen que recopila reseñas, retratos y ensayos producidos entre mediados de los ’80 hasta su muerte, en 2001, ofrece indicios, pistas, señales que se fueron acumulando y destilando: su ironía nada ofensiva, su penetrante capacidad para entender, tratar de explicar desde adentro los mecanismos del arte, la belleza, la creación entendida como trabajo.

En el ensayo La autobiografía (ver aparte) también reflexionó acerca del papel del nombre, “un elemento autobiográfico no mentiroso”.

“El nombre va a ser lo que nos va a unir con nuestra muerte y nos va a permitir que después de que muramos sigamos siendo nosotros mismos”, señalaba. No se puede sino recordar que en El desierto y su semilla los nombres de la historia familiar están cambiados: Raúl es Arón; Clotilde es Eligia, Jorge es Mario. Estos reemplazos parecían sugerir un guiño para leer la novela como tal, para no atar más firmemente al lector al pacto autobiográfico, y sin embargo no le ha quitado el carácter de novela familiar: aire de familia, similitud con los hechos sucedidos, aunque con la posibilidad de amplificarse y no reducirse por medio de la ficción literaria. Y el nombre como sostén de una identidad más allá de la muerte no deja de mostrar la sombra de la sutil persecución de lo reprimido. Perpetúa la estirpe y la consolida en una novela que, única como un monumento, se singulariza aun más. Jorge Baron Biza es de aquí en más el autor de El desierto y su semilla, y es inevitable que sea a partir de la pieza única que se evalúe su lugar en la literatura argentina.

En el prólogo de Martín Albornoz de Por dentro todo está permitido, se despliega este tema que no está para nada cerrado. Pero es casi seguro que, más allá del suicidio, no corresponda situar a Jorge Baron Biza en una estirpe de malditos o marginales que siempre necesitarían de un momento reivindicatorio por parte de una crítica fascinada por el margen o de alguna otra fuente emanadora de malditismo o marginalidad ella misma para hablar de orilla a orilla. Sí es bastante posible entrever su conexión con una narrativa preocupada por los lazos entre vida y literatura, existencia y literatura. Pensar el lugar de la belleza y el arte en la vida es uno de los esfuerzos más notables que se lleva a cabo en El desierto y su semilla. Y esto sí que se retoma, se vuelve palpable y esencial en la recopilación de sus trabajos dispersos.

Por dentro todo está permitido Jorge Baron Biza Caja Negra-Cceba 203 páginas

Por dentro y por fuera

Jorge Baron Biza ejerció el periodismo desde joven y lo hizo como corrector, redactor fantasma y con firma, editor, coordinador de medios, de toda clase de revistas y secciones de revistas. Orbitó siempre alrededor de la cultura, el arte, pero también amplió su zona de interés a cuestiones de la sociedad, alta y baja. En una semblanza autobiográfica consignó que “me formé en colegios, bares, redacciones, manicomios y museos…”. Siempre reivindicó el centro y la provincia, el arte provincial y no provinciano, como señala en uno de los ensayos.

La lectura de los trabajos de Por dentro todo está permitido lo sitúa como un cabal heredero del periodismo modernizador de los años ’60. Es un crítico de arte que parece mirar los fulgores de la vanguardia desde adentro, pero con una apreciable distancia como para preguntarse por las líneas de tensión entre lo culto y lo popular. A propósito de Emiliano Di Cavalcanti y la vanguardia brasileña surgida a partir de la célebre Semana de Arte Moderno de San Pablo, se permite reflexionar que el panorama brasileño se muestra en los antípodas del devenir argentino: “Nada más lejano que el rumbo hermético y elitista que tomaba la modernidad argentina de la mano de escritores como Borges y Girondo, mientras los pintores de nuestro país no podían articular una línea fuerte y constante de la vanguardia hasta la década del ’40. Estas vacilaciones permitieron que ex post facto apareciera el tema de la oposición Florida-Boedo, que no existió como guerra, pero sí como brecha íntima entre lo popular y lo moderno en muchos de los artistas argentinos”.

Esa percepción de la brecha íntima revela una verdadera sensibilidad para apreciar el arte, y lo mismo sucede con el análisis del rol de la caricatura o el cocoliche que tanto le interesarían. Y con la conexión entre belleza y dolor, inevitable en retratos como el de Frida Kahlo, pero latiendo en la apreciación de todos los grandes artistas plásticos a los que aquí se reseña.

Hay un párrafo de la novela que siempre me pareció de los más potentes, de lo más hondo que haya escrito Jorge Baron Biza, en el que un sacerdote da su sermón en la capilla de la clínica italiana donde atienden a la madre de sus heridas en la piel. El sacerdote tiene enfrente un auditorio de enfermeras y otras personas más bien indiferentes. Pero el sermón, referido a los males del cine y la televisión (de la corrupción por la cultura audiovisual), es terrible, a la altura del crítico de arte más despiadado: “¡Levantad por un momento un ángulo de esa pantalla de perdición! Espiad qué cosa hay del otro lado. Como si fuese una mortaja, la pantalla esconde detrás de ella vuestra propia calavera y despojos. Estáis vosotras mismas allí enterradas, al final de una vida de ociosidad, malgastada ante esas imágenes engañosas y tentadoras: contemplad vuestro cadáver, descomponiéndose detrás de la pantalla, como bien sabéis que ocurre con los cuerpos que, recubiertos por una sábana, todos los días sacáis de las habitaciones a las tumbas, carne ya indiferente a Dios, hasta que el Juicio Final la restituya. Sólo si durante la vida habéis aprovechado la oportunidad que os ofrece Dios, os reconciliaréis y reconciliaréis vuestra carne con el espíritu”.

Y hay verdad más allá del tono del sermón (para el que Baron Biza consultó un diccionario de teología, según aclara) y que sin dudas no es el arte religioso ni el pecado audiovisual lo que aquí interesa. Sí la profunda convicción de que detrás de la literatura y del arte se juega el destino de la carne. Razón suficiente para interesarse por los caminos de la belleza y el dolor.

Los retratos, reseñas y ensayos de Jorge Baron Biza son un fino equilibrio entre lo snob, lo culto y lo masivo, un paseo preciso, agudo, de algunas derivas del arte del siglo XX. No se trata de encontrar la exacta contracara del novelista de El desierto y su semilla, ni la estricta confirmación de su sino dolorido y angustiado. Hay una relación diferente entre ambos libros, que se juega más bien en pliegues y repliegues, en ese gesto de levantar la piel del arte para ver lo que hay debajo.

Se pueden entrelazar estos dos libros, El desierto y su semilla y Por dentro todo está permitido, para lograr un cuadro más acabado del escritor que hizo todo lo posible por escapar a su destino, escribiendo su destino.

Leyes de un silencio

Publicado originalmente en Córdoba en la revista El Banquete el 17 de diciembre de 1998 e incluido en Por dentro todo está permitido, este breve relato lleva por título el mismo que Jorge Baron había pensado utilizar en primera instancia para su novela El desierto y su semilla, y de hecho retoma los seudónimos utilizados para reemplazar los nombres de sus padres en la novela: Arón y Eligia.

Arón pidió que su cuerpo fuera cremado y las cenizas esparcidas alrededor del monumento que le había construido a Cloë. Cuando llegamos, advertimos que el terreno que quedó como propiedad familiar en torno del obelisco de más de setenta metros, después de las ventas apresuradas de Arón, era tan pequeño que no había espacio suficiente para esparcir las cenizas.
Antes de morir, hubo de imaginarse una ceremonia crepuscular, entre los olivares que sembró en su estancia, y que treinta años después prosperaban a pesar de que nadie los cuidaba desde mucho tiempo atrás. Suponía que sus cenizas sutiles se adherirían a las hojas o se infiltrarían en el suelo para alimentar las raíces y aparecer transustanciadas en la pulpa de los frutos. Quería que su cuerpo se incorporase a la tierra y estaba convencido que de ese modo iba a cambiar el mundo. Pero en los tiempos de su entierro efectivo, a mediados de los sesenta, los olivos ya estaban vendidos, del otro lado del alambrado. La tarde era oscura, ventosa, y la luz se había quedado del otro lado de las nubes.
Nos reunimos, mi tío Juan María, el cuidador del monumento, una amiga de Juanito que se escondió en el coche y echaba temerosas miradas azules, y yo… además de Arón, que ya cabía en una caja cúbica de unos treinta centímetros de lado. Una vez que comprobamos que, por falta de espacio, resultaba imposible cumplir la voluntad póstuma del cenizado, todos dudamos largamente. El cuidador propuso subir hasta la cumbre del monumento y arrojarlas desde allí. Era el único poeta del grupo, sin duda, pero ya la ancianidad no le permitía caminar, y mucho menos subir los 241 escalones del monumento. Yo consulté el nivel de mi petaca y supe que tampoco podría hacerlo. El tarambana de Juan María pensó unos segundos y racionalizó:

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9 junio, 2010 at 1:27 pm Deja un comentario

HOY presentación del libro Revelaciones de Jorge Santkovsky

FEDRO LIBROS y HUESOS DE JIBIA los invitan a la presentación del libro Revelaciones de Jorge Santkovsky


En diálogo íntimo con los textos del autor se leerán poemas de Vincenzo Cardarelli, Quasimodo y Saba, entre otros.

Participan: Roberto Romano, Stella Brandolin, Selva Dipasquale y Paulina Movsichoff.

Lectura + Brindis

a las 19 hs en Fedro

Carlos Calvo 578

San Telmo!

27 mayo, 2010 at 3:46 pm Deja un comentario

Libro del día: ¡Adentro! de González Arac

El libro de Rodolfo González Arzac, ¡Adentro! Millonarios, chacareros y perdedores en la nueva argentina rural, busca la respuesta a la pregunta que nadie supo responder: ¿De qué se habla cuando se habla de campo?. Periodismo del bueno. Osvaldo Bazán.

Fuente: Diario Crítica

Algún día se contará todo y ya ninguno de nosotros estará vivo para decir “sí, fue así” o “no, siguen mintiendo”. Eso, claro, en el mejor de los casos. Si todavía no sabemos bien dónde vamos a pasar las Fiestas, ¿cómo vamos a poder afirmar cómo será esta sociedad dentro de cien años, cuáles serán sus desvelos, sus intereses, sus dolores, sus inequidades? ¿Quién puede asegurar si se va a festejar el Tricentenario? Y, en ese caso, ¿cómo será?.

Por eso, cuando algún día se cuente todo, cuando los historiadores analicen cuadros y busquen fuentes y traten de saber por qué el país se volvió loco en 2008 a partir de la elevación de unos puntos de un impuesto, van a tener que buscarlo al Topo. El Topo no va a estar, pero van a encontrar un libro –guarden este libro, es el primer consejo– que es el mejor registro de lo que nadie registró en un año en donde todo pareció registrarse hasta el cansancio. Eslóganes, sí, hubo muchos. Frases huecas, intemperancia, la leche derramada sobre el yuyo con glifosato, de eso hubo y fueron pocos los que se quedaron callados.

También fueron pocos los que mantuvieron su prestigio.

Cualquier ciudadano que se quejó del avance monstruoso de una planta que se quedó con las tierras y los dineros del país fue un negro comechoripán, o un corrupto, o un intelectual a sueldo buscando su quintita de publicaciones y reconocimientos estatales.

Cualquier ciudadano que recordó la falta de planificación agraria, el masivo cierre de establecimientos y la destrucción de la vida rural fue un oligarca panzón agrario desestabilizador e integrante de grupos de tareas.

La intemperancia fue en aumento: a una declaración altisonante le siguió un comunicado enfático, y de ahí a una medida rimbombante, y de ahí a un discurso pomposo, y de ahí a 40 millones de sordos a los gritos.

Hubo ruido, mucho ruido.

Tanto, tanto ruido.

Los intelectuales intelectualaron y los chacareros chacarerearon. El Gobierno quemó las papas y Maradona gritó el voto no positivo como un gol de la Selección. Llamó a Cobos para decírselo.

Mientras tanto, el Topo se metió adentro y fue a ver, sin ninguna idea previa, sin pensar que estaba en una batalla y debía tomar partido, de qué se trataba. El Topo hizo eso que tanto molesta a unos y a otros. El Topo hizo periodismo. Del bueno.

El Topo es, ¿vieron un metrosexual? Bueno, todo lo contrario. El Topo es Rodolfo González Arzac. Con él comparto profesión, trabajamos en la redacción del mismo diario y hasta publicamos los libros en la misma editorial. Así y todo, voy a elogiarlo.

Rodolfo tomó como una misión cruzar diagonalmente el país a ver de qué se trataba tanto tole tole y lo fue contando en este diario. Pero el diario, papel que no sólo envuelve huevos, también los rompe, va al olvido, ya está, ya fue, pasó, a otra cosa. Y así nació este libro, el libro de los historiadores de acá a un montón de años. El libro que al grito de ¡Adentro! –así se llama– se subió a cualquier tipo de vehículo, nunca un avión, y se fue a buscar una respuesta a la pregunta que nadie supo responder, a pesar de lo omnipresente del tema: ¿De qué se habla cuando se habla de campo?.

Porque hay una construcción bucólica de parte de los empresarios agropecuarios y de los agropecuarios y de algunos medios de comunicación, gente maravillosa que trabaja más que nadie y que hacen grande la patria, encargados siempre de salvar económicamente al país y con una cosecha nos salvamos todos. Y hay una construcción maquiavélica sostenida por el Gobierno y sus intelectuales, además de organizaciones funcionales, que habla de oligarcas vendepatria y egoístas que no son capaces de derramar su gran fortuna personal en beneficio de los argentinos más desprotegidos, que de ellos también es el suelo.

Por más increíble que suene, no fue obvio para casi nadie en el país que ninguno de los dos dislates eran verdaderos, que había una puja de intereses y que el bien y el mal son bastante más chúcaros que los deseos sectoriales. Que la verdad está en los números y en la gente.

Rodolfo tocó con todos.

Y lo que cuenta es tan sorprendente, tan rico, muchas veces tan contrario a las verdades aprendidas, que el libro debería ser de lectura obligatoria para cualquiera que de hoy en más quiera hablar del asunto.

Las historias de vida que recorre ¡Adentro! Millonarios, chacareros y perdedores en la nueva argentina rural forman un coro tan contradictorio como vital. Y ese coro desafina, mete vida, arruina canciones.

Allí aparece la voz de Ángel Strapazzón, líder natural de un sector del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase), que en una noche alucinada de viaje entre Buenos Aires y Quimilí le cuenta a Rodolfo que el modelo sojero genera sólo un puesto de trabajo cada 500 hectáreas, que desplazó en 10 años a 300 mil campesinos e indígenas hacia sectores urbanos marginales y que roció durante el último año 165 millones de litros de glifosato; y la voz de María Raimundo Luna, también del Mocase, en el monte que deja de serlo: “Necesitamos un Martín Fierro que vaya en moto. Eso nos daría la posibilidad de que la intelectualidad deje de hablar boludeces”; y la de Pedro Peretti, de la Federación Agraria, que dice: “Si vos tomás el discurso de Aapresid –la gremial de los pools de siembra y de los megaproductores esponsoreados por Monsanto– y el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner te vas a dar cuenta de que tienen una similitud increíble. Lo que necesitaba para expandirse el monocultivo de soja era la deforestación, y durante el kircherismo, desde el 2003, se deforestaron dos millones de hectáreas. Necesitaban, también, que las vacas fueran criadas en feedlot para ganar tierra, y es lo mismo que dijo hace unas semanas la Presidenta, que se enorgulleció de que en su gestión pasamos de 800 feedlot a 1.600, con subsidios diarios de casi ocho millones de pesos. Por eso, durante el conflicto Aapresid no tuvo participación”.

Y están los datos. Por ejemplo, cómo consiguió Alfredo Olmedo ser el rey de la soja, con más de 200 mil hectáreas, muchas de ellas tierras fiscales entregadas por el gobernador Romero. O cómo el senador Roberto Urquía usó al Estado nacional para conseguir que su Aceitera General Deheza llegue a facturar 2.500 millones de dólares, con una concentración de tierras y trabajo que hizo desaparecer a muchos productores, sacándolos de competencia. O cómo creció la desesperación en la escuela San José de Calasanz de San Jorge, en la provincia de Santa Fe, cuando cayeron en la cuenta de que en los últimos cinco años murieron cinco maestras, todas de cáncer, y en Las Petacas –también en Santa Fe– se supo que hace unos años en algunos campos los aviones fumigadores llegaron a usar niños como banderilleros.

Y también está la mirada científica. Norma Giarraca, socióloga con 40 años de trabajo en el mundo rural, profesora del Gino Germani de la UBA, es clara: “Los Kirchner profundizaron el modelo, siguieron con la lógica del agronegocio, incluyeron a actores poderosos en su Gobierno –como al senador Uquía– y, luego, por un desacuerdo en la sociedad del reparto de ganancias –vía impuestos para el Gobierno–, se definen como un gobierno ‘redistributivo’ y comienza la crítica. En el modelo neoliberal del agronegocio no es posible la democratización económica. Se debe cambiar esa lógica y este gobierno se muestra ambiguo, por un lado la Presidenta hace declaraciones encendidas contra los ruralistas –no contra el modelo y su lógica– y por otro toda la estructura de la administración y gestión agraria está en función de este modelo”.

Rodolfo anduvo por todos esos pueblos, fue con el veterinario del pueblito cordobés a asistir a un parto de vacas y esperó horas a Gustavo Grobocopatel en su oficina. Presenció el pedido de ayuda económica que hizo Urquía a un funcionario de la ANSES para un amigo. Discutió con De Angeli e intentó que Buzzi le explicara cómo era posible una unión entre la Federación Agraria y la Sociedad Rural.

Rodolfo no adjetiva, no pontifica, no moraliza. Pero tampoco es aséptico. Contar aquello que alguien quiere impedir que se sepa. Eso no es aséptico.

Eso es periodismo.

Del bueno.

22 mayo, 2010 at 1:18 pm Deja un comentario

Copi: tarde pero seguro

Para quienes no se enteraron de la novedad tenemos un doblete.

En abril Anagrama editó el Tomo I de la Obra Completa de Copi mientras El Cuenco de Plata hacía lo suyo con La guerra de las mariconas.

¡Albricias!

Nos resulta muy gratificante proponer de nuevo, tantos años después, la obra narrativa de Raúl Damonte, alias Copi, dibujante, dramaturgo y autor extraordinario, inclasificable, sorprendente, heterodoxo, personalísimo y, a nuestro juicio, genial. El uruguayo (1972) –libro que el cineasta Michel Cournot denominó «una máquina genial que hace olvidar todas las pesadillas»– es acaso la novela más surrealista y a la vez la más emotiva de todo lo que escribió Copi sobre el exilio rioplatense en Francia. En La vida es un tango (1979), Silvano Urrutia es arrancado de su pueblo natal por un premio literario y en una enloquecida jornada pasa a ser periodista, redactor jefe, jefe absoluto; después se exilia en París, durante el «carnaval» de mayo del 68; ya casi centenario, volverá a la Argentina. En La Internacional Argentina (1988), el millonario Nicanor Sigampa urde, desde París, una intriga para convertir al poeta indigente Darío Copi en presidente de la República Argentina; participarán de la desopilante conspiración una hija natural de Borges capaz de recitar el Corán; los padres del poeta Copi, octogenarios convertidos en hippies, el embajador argentino y su puma ciclotímico. Río de la Plata, un sucinto y brillante texto autobiográfico –inédito hasta ahora en castellano– cierra este volumen. Un texto que, sin dejar de lado la carcajada gozosa, ilumina con inteligencia asuntos como el peronismo y las dictaduras militares. Además, la incisiva escritora argentina María Moreno introduce este volumen con un documentado prólogo.

Aquí una reseña en el diario El País de España

La guerra de las mariconas
Autor: COPI
ISBN: 978-987-1228-85-0
Páginas: 128
Traducción : Margarita Martínez

Copi va aún más allá en el cuestionamiento de los géneros en La guerra de las mariconas. Aquí el narrador se enamora de un travestí brasileño llamado Conceïçâo do Mundo, quien resulta ser en realidad un hermafrodita, príncipe de una tribu de amazonas que habitan en la Luna y provocan una catástrofe de proporciones planetarias en su guerra contra la “Interspatiale Homosexuelle”, una organización secreta destinada a proteger a los homosexuales de todo el mundo. El resultado es radicalmente transgresivo pero, a la vez, gracias a la ironía y a la impresión de rapidez y facilidad que preside toda la obra de Copi, excepcionalmente divertido.

Patricio Pron, Revista Quimera

Imagen de tapa por John Howard http://www.asshysteria.com/

16 mayo, 2010 at 7:55 pm Deja un comentario

La burbuja de Bertold – Agrimbau e Ippóliti

La tan elogiada burbuja de Bertold

A partir de la edición argentina, el lector puede ahora disfrutar de la premiada historieta La Burbuja de Bertold, obra del escritor Diego Agrimbau y el dibujante rosarino Gabriel Ippóliti. Un mundo oxidado, que está roto y demasiado viejo.

Fuente: Rosario/12 04/04/2010

Por Leandro Arteaga

El mundo está roto, viejo, oxidado, mientras un poder ya rancio se cubre y protege a través de una gran burbuja. Esto -y mucho más es lo que se percibe desde la lectura de la edición reciente y argentina de una de las últimas historietas más elogiadas y premiadas en Europa. El título es La Burbuja de Bertold. Sus autores son Diego Agrimbau (guión) y Gabriel Ippóliti (dibujos). El primero vive en Buenos Aires. El segundo aquí cerquita, en Funes; y si el lector es memorioso, recordará su firma y calidad excepcional como la compañía gráfica, durante varios años, de uno de los diarios de esta ciudad.

En cuanto a La Burbuja de Bertold decir que ha sido premiada como Mejor BD (bande desinée) en el Festival de Ciencia Ficción Utopiales, Nantes, Francia, 2005; obtuvo el Palmarés 2006 du Prix lycéen de la bande desinée, en el Festival de Colomiers, Francia, 2006; y fue seleccionada como una de las quince obras del año 2005, para el Gran Premio de la Crítica, que entrega la Asociación de Críticos de la BD, Francia, 2005. Y bien, por fin y como se debe, una edición argentina -a cargo de Historieteca conoce las bateas y, habrá que destacarlo, con una calidad impecable.

“Los comentarios siempre tenían que ver con cuándo se iba a poder leer o con que estaba muy caro. La verdad es que es una oportunidad interesante. Porque se produce el retorno del trabajo que uno hizo, pero con gente de acá. Eso es lo más importante, poder saber qué le pareció al lector, conocer sus comentarios y expectativas”, señala a Rosario/12 el dibujante Gabriel Ippóliti.

“Fue el primer trabajo que, en historieta, hicimos juntos (con Agrimbau), y me enganché enseguida porque me gustó mucho. De hecho, lo disfrutamos enormemente mientras lo hicimos. Fue sorpresivo que, siendo un trabajo tan personal, haya tenido tal recibimiento, con tantas buenas críticas. Se siente una gran satisfacción ante algo semejante”.

En La Burbuja de Bertold la ley castiga a partir del desmembramiento. Estamos en la ciudad de Butania, plena Patagonia. Las víctimas de este apocalipsis de herrumbre sobreviven en las calles que circundan a la gran burbuja, especie de cápsula feudal. Bertold, sin miembros más con lo que condonar castigos, sólo goza de su voz. Será un maestro titiritero el que lo incluya dentro de su nueva gran obra. Pero Bertold sabrá cómo, una vez y otra, reinterpretar lo que la letra exige.

“Fue, en su momento, la concreción de un sueño para el que me había estado preparando desde muy chico. Apenas empecé a leer historietas supe que quería  dedicarme a esto. Publicar un álbum con estilo francés era una meta desde siempre, ya que era el tipo de historieta que más me gustaba en mi etapa formativa. También significó comenzar a colaborar con Gabriel Ippóliti, que es el dibujante ideal para la mayoría de mis guiones. Juntos formamos una dupla creativa que nos ha deparado muchas satisfacciones y trabajo constante”, apunta Agrimbau a este diario.

Tal como lo expresa el guionista, el vínculo creativo proliferó hacia una segunda parte -El Gran Lienzo , y en la consecución, con la obra Planeta Extra, de uno de los galardones más prestigiosos del mundo de los cuadritos: el Primer Premio Internacional de Cómic Planeta De Agostini, España, 2009.

“La Burbuja -prosigue Agrimbau siginificó la entrada la mundo profesional y a los mercados europeos. Además de Argentina, ha sido publicada en Francia, España, Grecia y tal vez pronto en Italia. Pero lo más importante es que me abrió el camino hacia el profesionalismo, hacia el oficio, palabras que no tienen tan buena prensa hoy por hoy, pero que a mi no avergüenzan en lo más mínimo.”

Acerca de la resolución plástica del trabajo, tan bella, tan cuidada, Ippóliti apunta que “luego de haber leído el guión, nos pusimos a charlar acerca del ambiente que había que darle, para ponernos de acuerdo con la atmósfera. En general, primero se sitúa el escenario y después uno va haciendo lo que tiene en mente. A medida que iba avanzando, lo iba chequeando con el guionista”.

Hay un aire gráfico que recuerda a Enki Bilal.

También algunos críticos hicieron referencia a Bilal pero, en realidad, cuando empezás a trabajar no sos consciente de tal o cual dibujante. Mucha gente relacionó mi trabajo con el suyo, aunque Bilal trabaja mucho con el color y dibuja de una manera que, si bien no es fotográfica, es realista. En verdad, su dibujo es muy distinto del mío. A lo mejor uno está hilando muy fino pero, salvando las distancias, al mirar un cuadro de Velázquez uno puede encontrar parecidos con Rembrandt, pero sin embargo son distintos.

La narrativa de Agrimbau -quien se reconoce cercano al espíritu de Horacio Altuna y de Ricardo Barreiro es móvil, dinámica; el guionista reconoce que “me aburriría hacer siempre lo mismo. Es por eso que ahora, luego de hacer mucha ciencia ficción o costumbrismo, estoy metiéndome en géneros diferentes como la fantasía o el histórico. Me interesa, por un lado, trabajar con la materia misma de la secuencialidad del medio. Y por el otro, a nivel de las historias, mi interés siempre fue poder crear mundos y personajes desde cero, tangibles y verosímiles, que cobren vida a través de la trama”.

La oportunidad de acercarse al mundo de Ippóliti y Agrimbau es ahora posible. “Antes que nada es un alivio -agrega Agrimbau , porque yo vivo con mucha angustia el hecho de que el grueso de mi producción sea siempre para Europa y no pueda ser leído en mi país. Es por eso que hasta ahora siempre reservaba parte de mis historietas, como El Asco, Camping o El Campito, para el mercado local. Pero lo correcto es que se pueda leer todo, especialmente obras como La Burbuja de Bertold, que han tenido mucha importancia en mi desarrollo como autor”.

Desde una línea que nos remite a la mejor historieta de autor, la que ha hecho de Argentina un lugar tan querible e historietísticamente referencial, La Burbuja de Bertold es signo de lo tanto que se hace y de lo poco que podemos leer.

Gabriel, ¿el rostro de Bertold tiene tus rasgos o me equivoco?

Ah, muchos dijeron eso también, tendré que ir a un psicólogo a ver qué me pasa, porque no fue algo consciente.

Página de la Editorial Historieteca

Blog de Diego Abrimbau

Página de Gabriel Ippóliti

13 mayo, 2010 at 7:01 pm Deja un comentario

Editorial ABRAN CANCHA en Fedro!

Hoy les presentamos a la editorial Abran Cancha, una propuesta diferente de libros infantiles, made in Argentina, a cargo de la escritora Adela Basch.

En sus palabras:

El primer libro que yo escribí fue una quijotada. Precisamente, una versión libre del Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha de Miguel de Cervantes. En lenguaje rioplatense, apta para chicos, para leer o representar como obra de teatro. Su título tal vez me fuera sugerido por el mismo Cervantes o por el mismísimo don Quijote en uno de esos momentos en que, entregada a la escritura, me abstraía de todo lo que no fueran combinaciones de letras que portan sonidos que producen significados. Se llama “Abran cancha, que aquí viene don Quijote de La Mancha”.

Debo reconocer que este libro, en el que traté de conjugar mi creatividad con la de Cervantes y con la de los creadores de novelas de caballeros andantes de las que él abrevó, me convenció de que valía la pena emprender quijotadas.

Después de haber publicado unos cuantos libros, que dicho sea de paso mis amigos y familiares recomiendan con fervor, sentí que me había llegado el momento de abordar otra empresa quijotesca.
Así fue que me uní a Anahí Rossello y Carmen Martínez, que sintonizaban con el proyecto, y surgió Ediciones Abran Cancha, un emprendimiento dedicado a promover la lectura mediante libros que circulen por medio de talleres y no sólo por los canales tradicionales.

El primer libro de la serie de títulos que presentamos en talleres en las escuelas es Había una vez un libro, que pone de relieve justamente lo que nos interesa: que cada libro despierte el deseo de seguir leyendo otros, así como el de producir otros textos, poemas, cuentos, colmos, historietas o lo que fuere.

Pensamos que es bueno que a estos talleres vengan las madres y los padres, si es posible. Y si esto no es posible, que venga al menos uno de ellos. Y si esto no es posible, que vengan la abuela o el abuelo, una tía o un tío, una hermana o un hermano mayores o alguien de la familia, entiéndase esta como se entienda. La cuestión es que al taller, el chico o la chica que están en esa escuela vengan acompañados de algún adulto que tenga con él o ella una relación cercana. Porque nos interesa que disfruten juntos de lo que pasa cuando una persona adulta comparte un momento de lectura con una persona que está en algún momento de su infancia, aunque ya haya aprendido a leer.

En mi experiencia, los momentos de lectura compartidos entre quien es niño o niña y una persona algo mayor, son de muchísima riqueza.

Al escribir esto evoco momentos de mi propia infancia en que mi papá, mi mamá o alguno de mis hermanos mayores me leía un cuento o un poema y no puedo dejar de recordar el fuerte impacto afectivo que este simple hecho me producía. Que alguien me leyera algo quería decir que esa persona me quería.

Y también evoco momentos más recientes. En especial, mi trabajo para la Dirección Nacional del Libro en los tiempos en que esta estaba a cargo de Hebe Clementi.

Las tareas que desempeñé en ese momento en muy distintos lugares del país me permitieron descubrir desde el otro lado, el de la persona adulta que lee a otros, la gran entrega personal que significa elegir un texto pensando en las personas que van a escucharlo y leerlo en voz alta. Las palabras leídas salen al mismo tiempo de la mente y del corazón. Provocan el surgimiento de un escenario invisible pero real en el que cobran vida. Y un lazo sutil y al mismo tiempo fuerte va uniendo a la persona que lee con las que escuchan. Todas participan al mismo tiempo de un hecho individual y colectivo. Hay algo del orden de lo imaginario que se va volviendo real y un vínculo singular que queda establecido.

Esta es la propuesta de los talleres de Abran Cancha: el acto de lectura como un hecho comunitario, leer con los otros.

Adela Basch

Fuente: www.abrancancha.com

Cuenta con 5 colecciones:

tapa_pincel_y_papelColección Letras de cambio

“Este libro empieza con una palabra iluminada por el sol y termina con una luna brillante y redonda escrita en el cielo de la noche.”

habia_una_vezColección Potrillo Amarillo

Libros en imprenta mayúscula y Pictogramas (algunas palabras son reemplazadas por dibujos). Para primeros lectores.

tapa_que_el_nombreColección Otro Potro

Libro de poemas acompañado por un CD donde la música los convierte en canciones!

tapa-cd-CalleColección Caballo Rayo

Cuenta con libros de poesía, prosa, obras de teatro, todo lo que te puedas imaginar!

En el caso de Que la calle no calle, los poemas sobre las calles de la ciudad son acompañados de un CD donde los musicaliza Chica Martínez

tapa_casabeColección Caballo Bayo Bilingüe

Acompañan el cuento actividades que apuntan a la comprensión, a la reflexión y al juego con el lenguaje.

Todos los libros de Abran Cancha están disponibles en el sector infantil de Fedro, pasen a conocerlo!

Fedro-niños

5 septiembre, 2009 at 6:52 pm Deja un comentario

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Nuestra librería

Fedro es la más completa librería de San Telmo: libros nuevos, narrativa, ensayo, poesía, infantiles, arte, cine, teatro, revistas, viajes, textos en inglés.


Fedro tiene un espacio de arte que se renueva permanentemente, una disquería con una excelente selección de CDs nacionales e importados y un living encantador que invita a quedarse a leer o a participar de sus clásicos ciclos de lectura.


Un simpático gatito y la atención personalizada de sus dueños hacen de Fedro una librería como las de antes.

Espacio de Arte

Nuestro espacio de Arte se nutre con obra contemporánea, cercana, innovadora.



Nos especializamos en fotografía, participando del Festival de la Luz en sus últimas ediciones. Apuntamos a una fotografía íntegra y ecléctica, valorando la calidad de la obra por sobre otras cuestiones.

Jueves de Poesia

El último jueves de cada mes a las 20 hs.

Entrada libre y gratuita

Desde el año 2006 llevamos adelante nuestro ciclo de poesía en Fedro. Un ciclo sostenido netamente en los textos, donde leen cuatro poetas, el último jueves de cada mes. Además de sus propios poemas, cada invitado trae un poema de otro autor que se lee a modo de cierre. El diálogo entre los textos propios y el del autor elegido se suma al modo en que conviven y dialogan los textos de los cuatro poetas que participan.


Florencia Walfisch y Ana Laferranderie

Archivo

Ciclo de Creadores

Segunda edición del Ciclo en el que la periodista Cristina Civale entrevista a personalidades de la Cultura. Nuestros invitados en 2008 fueron: el cineasta Daniel Burman, la actriz Cristina Banegas, el periodista Gustavo Sierra (editor del diario Clarín), el dramaturgo Alejandro Tantanián, la fotógrafa Adriana Lestido y el escritor Mempo Giardinelli.