Libro del día: Principiantes de Raymond Carver

15 mayo, 2010 at 10:00 am 7 comentarios

Esta será, seguramente, uno de los libros del año, tanto por su calidad como por su contenido simbólico. La viuda de Carver ha tomado la decisión de editar los textos originales de “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, modificados hasta en el título, por quien fuera su editor, Gordon Lish.

En honor al minimalismo carveriano (puesto muy en duda con esta publicación) no ahondaremos en el tema, por ahora.

Dice Anagrama:

Ésta es la versión sin «corregir» de la obra maestra de Carver –De qué hablamos cuando hablamos de amor–, que acabaría sufriendo una poda de casi el cincuenta por ciento por parte de Gordon Lish, a la sazón editor y mentor de Carver, previa a su publicación en 1981. La preocupación de Carver por la médula de las cosas se halla tan presente en los relatos originales como en los que fueron publicados. Una jovencita que baila con su novio en el jardín delantero de una casa, percibe el primer aviso de los peligros de la vida adulta, y siente que la colma una «felicidad insoportable». Un hombre y una mujer se encierran en la habitación de un motel y, despacio, reconocen el final de su relación. Pero a medida que recorremos estas pequeñas tragedias, se nos van revelando nuevos significados. Una incursión fascinante en la estética de uno de los grandes autores contemporáneos, los interrogantes que suscita podrían desencadenar un gran debate literario. «Si alguna vez hubo una pieza literaria que nunca requirió enmienda alguna, es ésta» (Philip Roth); «El verdadero Carver da cabida a digresiones e historias secundarias. El verdadero Carver no es carveriano» (Blake Morrison).

En el año 2007 The New Yorker publicó, en exclusiva, una versión del cuento Beginners con las correcciones de su editor.

Para quienes gocen del conocimiento del idioma inglés pueden leer el original haciendo un click aquí. Son varias páginas.

Sino también está la opción en castellano, traducida por Leandro Fanzone en la que se pueden apreciar los renglones tachados y las correcciones de Gordon Lish. Aclaramos que la versión traducida y publicada por Anagrama, disponible en Fedro, no es esta sino la oficial sin las alteraciones del editor.

Y por nuestros pagos, Maximiliano Tomás, en el diario Perfil y en su blog, publicó el primer comentario al respecto.

Principiantes llegó a Fedro ¡qué emoción!

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7 comentarios Add your own

  • 1. Jesús Zulaika  |  15 mayo, 2010 en 4:20 pm

    Es indignante. Ofrecéis una traducción del relato Principiantes que no se parece en nada a la de la edición de Anagrama cuya cubierta ponéis al lado, y cuya traducción es de Jesús Zulaika (traductor asimismo de aquel De qué hablamos cuando hablamos de amor de 1987, también en Anagrama).

    El lector, en buena lógica, pensará que lo que aquí lee es la traducción de Zulaika (la de Principiantes y la de su antecesora De qué hablamos cuando hablamos de amor), cuando no es así.

    Claro, como la traducción es algo que no tiene la menor importancia, algo intercambiable, algo que puede hacer cualquiera que haya hecho el bachiller en castellano y haya pasado un par de veranos en Irlanda…

    Santo cielo, cuánta ignorancia…

    Jesús Zulaika

  • 2. Fedro  |  15 mayo, 2010 en 4:49 pm

    Lamentablemente la traducción tiene muchísima importancia. No quiero restar valor a la de “Principiantes” ya que todavía no leí tu versión. Tengo, sí, el recuerdo de leer a Carver, junto a muchísimos latinoamericanos, A PESAR de la españolizante traducción. Algo, por lo demás, demasiado frecuente en las ediciones de Anagrama.
    Por otro lado me interesaba el pantallazo de las correcciones de Lish, sólo disponible en la web de esta manera.
    Se aclarará todo lo que dijiste, ya mismo lo corrijo. Pero no te confundas, no es ignorancia.

  • 3. Basque  |  15 mayo, 2010 en 10:14 pm

    Espero ansioso una traducción por un bachiller veraneando en Irlanda, porque tus traducciones son un asesinato a la lengua castellana.

  • 4. Jesús Zulaika  |  17 mayo, 2010 en 8:25 am

    Fedro:

    Retiro, pues, lo de ignorancia. Y pido disculpas.

    También acuso recibo de su queja por la “españolizante traducción”. Es un debate abierto, un debate que toca puntos muy sensibles de los pueblos que hablan y escriben en español (todos las variantes del español de todos los países que tienen éste como lengua materna son igual de “españolas” e igual de dignas y valiosas).

    Pero el problema de las traducciones tiene difícil solución: no valdría el recurso a una especie de español neutro, porque sería una especie de español frankesteiniano. Tampoco parece posible que puedan costearse tantas versiones como modalidades de español existen.

    En cuanto a Basque, toda mi indiferencia ante su crítica injusta, gruesa y desproporcionada.

    Jesús Zulaika

  • 5. Leandro  |  17 mayo, 2010 en 11:31 am

    Soy Leandro Fanzone, el traductor bachiller con un verano en Irlanda. Creo que Zulaika, como muchos traductores de España, no sabe hasta qué punto es desagradable para los latinoamericanos leer traducciones con el énfasis en el color local ibérico. Hice esa traducción voseada de Carver, irresponsable e impune porque la hice para internet, de alguna manera en contra de estas ediciones ilegibles para nosotros: cuando el lector tiene “retraducir” al leer, en nuestra propia lengua, no hay peor fracaso para el traductor.
    No puedo estar de acuerdo en que sea un problema insoluble: hay muchas traducciones razonables para nosotros, podemos tranquilamente leer con “tú” en vez de “vos”, podemos ponernos de acuerdo en un lenguaje coloquial que sea conocido para todos, en detrimento de cierta infidelidad. No hay necesidad de ser latinoamericano: hay buenos traductores en España que no ignoran esto, creo que todos estamos de acuerdo en la excelencia de Miguel Sáenz, por ejemplo, en Anagrama y otras editoriales, a través de quien hemos leído a Sebald, a Ende, a Bernhard, a Brecht, a Grass, a Kafka, en traducciones inolvidables. Pero mientras traductores como Zulaika excusen su indiferencia de los alcances geográficos del castellano diciendo que esto “tiene difícil solución”, no ayudan a los millones que, de este lado, tenemos que descifrar a Carver y a tantos otros.

  • 6. Jesús Zulaika  |  18 mayo, 2010 en 8:48 am

    Leandro:

    Yo no denuncié en un principio sino esto: que no se puede poner la cubierta de un libro y al lado la traducción de todo o parte de ese libro de un traductor diferente del del libro cuya cubierta se muestra. Es de sentido común: no hace falta invocar la propiedad intelectual para darse cuenta de ello: no se puede hacer SIN ADVERTIR al lector de ese “detalle”.

    Y agradezco a Fedro que así lo reconozca.

    Por otra parte, no estoy de acuerdo con usted en su juicio sobre mis traducciones. Le emplazo a señalar dónde utilizo un español lleno de localismos, ajeno al patrón general de la lengua castellana -salvo en la utilización de ciertos vocablos específicos que todos conocemos-.

    Escribo en castellano, tengo un prestigio de treinta años en mi oficio, amo esta lengua mía y de todos y amo su literatura, y leo a sus compatriotas y a un sinfín de autores de América Latina con deleite -y remonto sin quejarme los posibles obstáculos de posibles colorismos, especificidades, jergas y modismos de cada cual, y hago lo mismo con el cine-.

    Le reto a que me desmuestre -con pruebas- mi mal uso de la lengua castellana, que siempre he cuidado con mimo en mis traducciones de Faulkner, Dos Passos, Mailer, Updake, Capote, Nabokov, Ford, Carver, Chang-rae Lee, Amis, McEwan, Bailey, Ishiguro, Swift y tantos y tantos otros… Encuéntreme errores y localismos “exacerbados”, modismos “arcanos” y argots y jergas de la España más cerrada o iletrada o folklórica…

    O no los busque, si no quiere, y ya le respondo yo: no los hay, o son veniales, o son meros lapsus. Empeño mi prestigio en lo que digo.

    Y lo de la traducción en los diferentes países de habla hispana es un problema, sí, lo niegue quien lo niegue; pero no por lo que usted dice sino porque siempre habrá lectores que se quejen de que en los libros traducidos en España no se escribe como ellos hablan o escriben. [Le recuerdo, a este respecto, que tanto yo como millones de lectores españoles peninsulares echamos los dientes (por razones obvias: la España de Franco y la censura) con traducciones de Losada que quedaron y quedarán en nosotros como legendarias. Y a nadie se le ocurrió jamás quejarse.]

    En España, al lector, pese a quien pese, le gusta leer en su lengua cotidiana, gustar aquello que de más literario tiene la escritura. Le gusta paladear su venero léxico, sus semánticas, sus giros, sus metáforas… Sin faltar a la sintaxis y a las normas ortográficas y eufónicas… Y a ustedes, y a los mexicanos, y a los colombianos, y a los guatemaltecos… también. Faltaría más.

    Que nadie oculte la cabeza como el avestruz y cargue las culpas en personas o en prácticas ajenas que no las tienen. Es un problema económico, y no hay más. Un problema que ni usted ni yo ni nadie podemos solucionar. Un problema que sólo se solucionará a través del desarrollo económico y del de la industria editorial.

    Tenga usted buenos días.

    Jesús Zulaika

  • 7. Leandro  |  19 mayo, 2010 en 9:59 am

    Jesús, me dio mucha curiosidad y anoche tomé los libros del estante; después de todo, Anagrama tiene más de un traductor para Carver. Fue buscar uno traducido por usted, abrir el libro en cualquier parte y encontrarme nuevamente con los chiquillos y los pitillos, con el uso peninsular del dativo en vez del acusativo, en fin, en cada párrafo hay un ejemplo, inútil copiarlos aquí. Naturalmente no son errores: es ni más ni menos lo que se denuncia, color local de España. No es de mi interés iniciar una polémica con usted, que tendrá sus razones para querer hacernos creer que usted ignora que en América Latina no se habla así, o que, como da a entender, hace su trabajo conforme a una línea editorial que quiere satisfacer sólo a España.
    Nadie pone en entredicho su prestigio, pero tampoco pretenda tomarnos por idiotas. Cualquiera de este lado del Atlántico le dirá lo mismo respecto al léxico de sus traducciones; dos personas más entre estos pocos comentarios ya lo han hecho. Por otro lado, es claro que su comparación no es válida: no es lo mismo leer literatura escrita por Borges que leer a Carver traducido por Jesús Zulaika. Con la literatura llega la lengua y el carácter de su autor, su cultura, su ritmo, sus tonos, todo es parte de su escritura: ¿quién querría leer a Cervantes en español neutro y modernizado? Pero cuando leo a Carver, pretendo acercarme a Carver, y el traductor, mal que le pese, tiene que hacerse a un lado, o al menos ser invisible, en este encuentro.
    Tenga usted también buenos días,

    Leandro Fanzone.

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