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La ilusión de volver a vivir

En su nueva novela, Antonio Dal Masetto cuenta la historia de un pintor que regresa al lugar donde fue feliz para redimir el asesinato de la mujer que amó.


Un balneario del sur de Brasil es el escenario que eligió Antonio Dal Masetto para situar su más reciente novela, La culpa . A simple vista, este balneario brasileño es una localidad como tantas, un pueblo costero de unos cientos de habitantes, volcado sobre el Atlántico, con su calle principal llena de negocios para turistas y un sol a pleno que sólo de vez en cuando cede su esplendor a la intermitencia de las lluvias y a la exaltada brisa del mar.

Un balneario más que, sin embargo, para César, un pintor argentino de cierto renombre, se transforma en el lugar más importante del mundo, el lugar donde 17 años atrás encontró la felicidad, cuando recaló con su novia Lucía. Ellos estaban de aventura, lanzados a un largo vagabundeo tropical, once meses a dedo, lejos de Buenos Aires, donde se conocieron durante una muestra del artista. Lucía ya no está, y no está hace mucho, tragada a poco del regreso por las fauces de la dictadura, cuyos grupos de tareas tomaron nota de sus ideales de justicia, de su indignación solidaria, y se la llevaron de la casa de su madre, cuando ya tanto el viaje a Brasil como la relación con César habían tocado a su fin.

Ella lo dejó sin vacilar. Estaba claro que a él los reclamos exaltados por la justicia social y los derechos humanos no le interesaban. A los 35 años, César estaba centrado en lo suyo, en la exclusiva construcción de su oficio. Para ella, en cambio, nada superaba el compromiso social. Pero el recuerdo de esa chica de sólo 18 años se mantuvo vivo. Más aún, creció hasta convertirse en una obsesión, una pérdida irreparable. Esa es la clave de esta trama tejida de recuerdos, de este retrato psicológico de un ser desvalido en busca de redención: es la historia de un duelo, arropada en la anécdota de un nuevo viaje de César al pueblo costero que lo vio en plenitud, un viaje que una vez más decide realizar a dedo, aunque acaso le sobren medios para financiarse un pasaje a cualquier parte, en el que se esfuerza por rememorar, rescatar, y en cierta forma, volver a vivir los mejores momentos de su vida.

Es un duelo mal concluido, o nunca encarado; el remordimiento de no haber sabido retener a Lucía y, por lo demás, de no haber estado con ella para evitarle el horror de las mazmorras criminales, entretejido con la culpa colectiva de una sociedad que toleró la dictadura.

Aunque no sabe con certeza lo que busca, César intuye que no logrará nada en la absoluta soledad y se deja auxiliar por el colorido elenco de personajes con que lo rodea Dal Masetto: los pobladores de la aldea costera, con sus propios deseos y esperanzas, sus miedos y proyectos. Allí está un panadero convencido de que el pan es lo que ha definido la historia de la humanidad; un librero que cierra su local cada vez que César lo visita, a fin de dedicarle todo su tiempo a las absorbentes conversaciones sobre la culpa; o el jovencísimo Paulo, un mulato que lo guía a través de celebraciones paganas, fiestas de aldea y la sensualidad de una extensa lista de amigas. Y por encima de todo y de todos está el morro, una elevación natural donde César sabe que está la respuesta a sus más íntimas dudas y cuyo ascenso demora, dejándose inundar por la vitalidad de sus compañeros y la calidez de este remoto rincón del mundo que escogió para volver a vivir.

Autor: Ramiro Pellet Lastra

Fuente: ADN Cultura

Fecha: 2010-10-04

12 octubre, 2010 at 9:46 am Deja un comentario

Llega la Hot List de editoriales independientes a Fedro

A partir de hoy estarán en exhibición los 20 libros más atractivos de las editoriales independientes argentinas agrupadas en Edinar.

Bienvenidos!

Les dejamos la nota que salió al respecto hoy en Página/12

Abrirse paso en la jungla

En un mercado saturado de novedades, los pequeños y medianos editores aúnan esfuerzos para que sus libros tengan mejor visibilidad en las estanterías: hoy, en Eterna Cadencia, se da a conocer la primera lista de lanzamientos independientes.

La mirada no los puede abarcar ni por asomo. El lector se queda “fuera de foco” ante la magnitud de una cifra apabullante. En el país se publican alrededor de 800 títulos por mes. El dato, aunque saludable, no deja de plantear algunos interrogantes: cómo orientarse en medio de esa inmensa marea. La misma incertidumbre se podría plantear, en otros términos, para los editores medianos y pequeños: cómo hacer que sus libros sean más visibles. Una respuesta es lo que propone Edinar (Alianza de Editores Independientes de la Argentina) con la Hot List, la lista de los veinte libros más atractivos editados –novelas, cuentos, poesía, arte, ciencia, literatura infantil, historia y ensayos acerca de distintos temas– que presentarán hoy a las 19 en la librería Eterna Cadencia (Honduras 5574) el periodista Pedro B. Rey, el librero Ecequiel Leder Kremer y la editora Gabriela Tenner. Los veinte títulos de la Hot List se exhibirán entre el 2 y el 15 de agosto en las mejores mesas y estanterías de las librerías Antígona, la Boutique del Libro de San Isidro, Fedro, Hernández, Libros del Pasaje, Prometeo y Eterna Cadencia.

“La unión hace la fuerza”, subraya Tenner, de Lenguaje Claro, editorial que participa de esta iniciativa con uno de sus libros, Argentina en el siglo XX, compilado por David Rock. La Hot List de los editores independientes –materialmente una postal con las tapas e información sobre 20 títulos elegidos como los más destacados por cada uno de los editores– tiene los componentes precisos para un proyecto a medida: simplicidad, impacto, economía, adaptabilidad, atractivo y capacidad de replicación, porque ya están desarrollando la Hot List 2 con vistas a Frankfurt 2010. “Cualquier lector agradece que le faciliten una selección de posibilidades de lectura que escape a las obviedades, en cuanto a autores y contenidos, que se ofrecen desde las listas de los más vendidos y, muchas veces, desde las vidrieras de algunas librerías”, explica Tenner. “Y si a la variedad y originalidad se suma la calidad, el banquete está servido.” En esta oportunidad, el menú está compuesto por veinte obras como La Virgen Cabeza, de Gabriela Cabezón Cámara (Eterna Cadencia); Con la cabeza en las nubes, de Diego Bianki (Pequeño Editor); Teoría del complot, de Ricardo Piglia (Mate); Rimas, de Dante Alighieri (Winograd); ¿Quién mató a Molly Blum?, de Ana María Sandoval (El 8vo Loco); El detective Intríngulis y el robo de la “Mona Luisa”, de Amaicha Depino y Carla Baredes (Iamiqué); Cuba libre. Vivir y escribir en La Habana, de Yoani Sánchez (Marea), y El estado burocrático autoritario, de Guillermo O’Donnell (Prometeo), entre otras.

“Las pequeñas editoriales dependen más de las librerías para su contacto con el público que las grandes”, dice Leder Kremer de la librería Hernández. “Para los independientes es esencial contar con el apoyo del canal librero, pero creo que convendría aclarar que ser pequeño, bibliodiverso e independiente no significa necesariamente lo mismo, y que ninguna de esas cualidades es por sí misma virtuosa.” Como librero, Leder Kremer se relaciona tanto con las grandes editoriales multinacionales como con las pequeñas. “Es muy importante para un país contar con un grupo de editores comprometidos e inmersos en lo local. Porque tienen, desde su realidad artesanal y profesional y su relación de cercanía, otro oído para detectar los latidos muchas veces tenues de la escritura que nace y merece darse a conocer. Se trata de la antítesis del concepto industrialista que caracteriza la desmesurada producción de libros en los grandes grupos, de donde aún así provienen una buena parte de los títulos que calzarían con comodidad en cualquier catálogo de calidad que merezca ser conservado y mantenido en el tiempo”, pondera el librero.

“Tan importante es lo que se edita como lo que se hace con aquello que se edita”, advierte Leder Kremer. “Cuando un autor concluye con esfuerzo y meses de trabajo un nuevo texto, será tarea de su editor acompañarlo en el proceso de edición, cuidar la imprenta, distribuirlo, posicionarlo en las librerías y mantenerlo disponible en su catálogo cuando ya no sea una ‘novedad’, resguardándolo de la guadaña de la ‘curva de obsolescencia’ que azota los depósitos de las grandes editoriales devastando sus catálogos. Esta tarea vale la pena porque el texto de calidad a veces no es exitoso, pero siempre es necesario. Y entonces debemos apoyarlos, reforzar su presencia en el canal librero, porque los indies son más débiles económicamente y compiten con empresas infinitamente más grandes.” Tenner plantea que para las editoriales es clave no sólo que se conozca rápida y ampliamente su producción, sino también que esos libros estén al alcance de la mano de los potenciales lectores. “Se es editor una vez que se combinan y entran en funcionamiento varias cuestiones al mismo tiempo, entre ellas un catálogo consistente, un producto profesional, difusión adecuada y mejor distribución”, precisa la editora. “En la Argentina, para un editor pequeño e independiente, cada una de esas cuestiones es un Aconcagua por escalar, no sólo por la propia capacidad que debe poner en juego, sino por los recursos de distinto tipo que se necesitan y por los factores y actores con los que debe interactuar, muchas veces en una relación David sin gomera versus Goliat lindo y exitoso.”

Leder Kremer recuerda que no todas las editoriales independientes pondrán sus libros sobre la mesa de las librerías que apoyan la Hotlist. “Argentina sigue siendo una plaza editorial de excelencia con muchos y muy buenos editores, y es difícil poner a tanta gente de acuerdo y compatibilizar catálogos; algo en lo que deberán fijarse a futuro los organizadores del proyecto. Sin embargo, valdrá la pena ver qué nos recomiendan estos excelentes editores que se animan en tiempos de tanto individualismo a una acción conjunta y solidaria.” Para Tenner, los libreros son conscientes de que al sumarse a la propuesta facilitan el contacto directo con los lectores. “Es emocionante el impulso conjunto y estoy segura de que esto tendrá un efecto multiplicador muy saludable para todos”, augura la editora. “Las editoriales independientes se fortalecen con la aparición de cada libro que era necesario publicar y que sólo ellas se animaron a hacerlo. Pero la edición independiente tampoco es un apostolado, y su subsistencia y desarrollo también requieren políticas públicas a largo plazo, activas e inteligentes.” Leder Kremer cree que el oficio de librero se celebra con buenos libros. “Nuestra tarea será acompañar, apoyando y destacando este catálogo de calidad, hacerle un espacio en la vorágine de los 800 títulos nuevos por mes para que el público pueda encontrarlos y seguir confirmando este saludable síntoma que dice que en este país bibliográficamente rico los libros que más venden no son precisamente los más vendidos.”

29 julio, 2010 at 2:58 pm 1 comentario

Libro del día: Jardín blanco de Laura Alcoba

Esas mujeres

Las voces de Evita, Ava Gardner y una tercera mujer anónima y silenciosa, convergen en Jardín blanco, novela de impecable técnica narrativa acerca del exilio.

Por Sebastian Basualdo

Fuente: Radar Libros 13-06-2010

Si es cierto que a la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos, la cita de Borges condensa la dimensión narrativa planteada en Jardín blanco. La dimensión temporal tiende a diluirse al amalgamarse tres voces femeninas en torno de un tema central: el exilio.

Una de las voces es la de Eva Duarte, fallecida hace ya muchos años, y aun sin haber sido hallado su cuerpo embalsamado, observa y le habla en tono íntimo a Juan Domingo Perón, confinado en ese apático Madrid de comienzos de los ’60. “A Héctor, que hoy recibís, le explicás que seguís sin noticias del Generalísimo Franco. Creías que te iban a recibir como amigo, no te imaginabas por nada del mundo que la cosa iba a ser así. Pero no se puede decir que te traten como enemigo, ni siquiera como indeseable. Es peor: Franco te ignora.”

Las delicadas palabras de Evita llegan desde otro costado de la realidad y no hay posibilidad alguna de que se materialicen en la vida cotidiana de un Perón todavía confuso y expectante. “Hoy es como si el pueblo hubiera perdido un brazo o una pierna. La desaparición de ese cuerpo que yo había querido preservar es una amputación inicua, Cicotta, una mutilación perfectamente odiosa.” Y el espectro de Eva dialoga consigo misma: “Tu interlocutor guardaba silencio, visiblemente emocionado. El efecto de tus palabras te dio mucha seguridad. Tenías miedo de haber perdido la práctica. Cuántas veces me lo dijiste: No hay que decir demasiado, sino sugerir, Eva, siempre: en los silencios y en el misterio viven los sueños de la gente”.

La segunda voz que surge para cimentar la estructura de Jardín blanco es la de la bellísima actriz Ava Gardner. Sus días esplendorosos de Hollywood se terminaron y, recluida en el mismo edificio donde vive Perón en las afueras de Madrid, conversa con una muchacha mientras contempla fotografías y hace de la memoria un ejercicio que resulta rotundo como un desmoronamiento: “Ahí, en el álbum azul, están mis primeras fotos, las que fueron tomadas en la época en que aún no sabía que el cine me requería”, dirá Ava Gardner sentimentalmente frágil como una copa de vino mientras los recuerdos imponen su arbitrariedad en los inicios de su carrera, las películas filmadas, su relación con Frank Sinatra y Dominguín, siempre en el tono de quien reclama con firmeza un ajuste de cuentas. Las ínfulas de quien fuera en otro tiempo una estrella del cine apenas encuentran un eco cuando pide que cada mañana amanezcan flores blancas en el jardín del departamento. “Desde que estoy acá, vi llegar a nuestro jardincito aros, flores de lis y malvarrosas. Blancas, inevitablemente. Asistí asimismo a la instalación de mundillos contra la tapia del fondo. Justino me dijo ayer que pronto iban a florecer.” Pero para la estrella nunca es suficiente. “Entonces siempre trae plantas nuevas, muy blancas”, dirá Carmina, la muchacha con quien dialoga Ava Gardner y en quien recae la tercera perspectiva como personaje central de la novela a partir de las anotaciones que realiza en su cuaderno. Será con Carmina donde los silencios, como antes las palabras en Eva Duarte o Ava Gardner, asumirán una significación plena para que lo sugestivo se torne imposibilidad: la imposibilidad de confesarse algo a sí mismo.

Delicada y sutil en el abordaje de cada una de las voces que componen Jardín blanco, y con gran dominio de la técnica narrativa, la prosa de Laura Alcoba se afianza en esta segunda novela mientras logra con íntima distancia regresar a un tema ya trabajado por la autora en esa excelente primera obra titulada La casa de los conejos.

28 junio, 2010 at 10:30 am Deja un comentario

Libro del día: Lisboa de Leopoldo Brizuela

Fuente: Inrockuptibles / Libros 08-06-2010

Como una ópera, distribuida en actos y con picos de fatalidad y mesetas reflexivas, Lisboa. Un melodrama tiene un epicentro: una única y calidoscópica noche de 1942. En ese día, en plena Segunda Guerra, con Argentina y Portugal dirimiendo su neutralidad, Leopoldo Brizuela exponencia un universo repleto de matices, velocidades, voces y anécdotas entrañables fundadas en dos mitologías fronterizas: la del fado y la del tango. Además de reproducir a escala las tensiones de una Europa en crisis, descifra e inventa con total libertad rastros de una Argentina perdida, fantasmagorías de época y linajes aturdidos, con una precisión y una ambición que pocas novelas tienen, hoy en día, de este lado del Atlántico.

Los personajes de este melodrama que ya en las primeras páginas presenta la respiración de una novela decimonónica, con el correr de los capítulos se agregan y desdoblan entre el pasado y el presente. A la vez, ese celoso ritmo decimonónico por momentos pasa a ser clarividencia proustiana en su modo de abordar la experiencia amorosa que persigue a cada protagonista. En esa trama de afectos y tiempos, todos parecen reconstruir el misterio de sus propias vidas en circunstancias extremas y a la vez extraordinarias: la amenaza de la guerra. También desde el principio, con el personaje principal, Eduardo Cantilo, cónsul de la Argentina en Portugal, asoma una parte de ese conflicto con varios cabos unidos a un mismo núcleo. Por razones secretas que de a poco se revelan, Cantilo decide donar un cargamento entero de cereal a los refugiados y hambrientos que en Lisboa penan por una última esperanza, el barco que de un momento a otro zarpará antes de que Portugal entre en guerra: el Boa Esperanza. En el medio, protagonistas que naufragan y especulan en horas límite, una temporalidad ralentizada y concentrada, en la cual la intensidad exterior compite con la fragilidad interior. El secretario Ordoñez y su esposa Sofía, Oliverio, exiliado argentino y barman del Gondarem –cantina donde fado y aristocracia se acoplan–, De Sanctis y De Maeyer –especies de agentes secretos–, todos transitan una Lisboa apocalíptica en la que conviven, por ejemplo, servicios de inteligencia, una tropilla de huérfanos encerrados en un barco, refugiados que huyen del avance nazi, una condesa italiana en muletas, príncipes tardíos.

Esa noche de 1942, con el puerto en llamas, conspiraciones políticas en marcha y un atentando que jaquea a la delegación argentina, tiene además a varios espectros que refieren su historia como si, ante la inminente entrada en guerra, decidieran invertir las horas finales en un arriesgado exorcismo sentimental. Allí está Discépolo y Tania, ambos de paso después de una gira por España, el Maestro De Oliveira, varado en Lisboa durante años después de transmitirle todo a Gardel, la gran Amalia Rodríguez, joven e involuntariamente involucrada en intrigas políticas. La vida de cada uno de estos “hijos de la noche de Lisboa” de a poco irá comunicándose en el pasado y creando, sobre el presente milimétrico de la acción, una red compleja con infinidad de planos: un melodrama, en el mejor sentido; como el tango o el fado, un drama cantado que ilustra las aventuras y las penurias de la vida.

El centro del relato, sin embargo, nunca deja de ser el cónsul Cantilo, que con su gesto enigmático –la donación– se asoma, sin saberlo, a una cornisa. La historia escondida detrás de ese gesto se vuelve el núcleo íntimo de la novela, su segunda historia. Detrás de ese gesto grandioso en el que culpa e hipocresía se combinan, el drama amoroso se vuelve presagio, salvación intermitente y lo que todo melodrama insinúa: una tragedia misteriosa que interpela, en un mismo movimiento, el sentido de la vida y la fatalidad de la Historia.

Oliverio Coelho

23 junio, 2010 at 12:30 pm Deja un comentario

Libro del día: Oscura monótona sangre – Sergio Olguín

La clase media invade la villa

El escritor argentino fue galardonado por Oscura monótona sangre, un thriller entre la Villa 21 y Barrio Norte, nacido de la molestia del escritor “por el modo en que los medios tratan superficialmente el tema de la inseguridad”.

Fuente: Página/12

El hombre equivocado, argentino y bostero, está en la sala de conferencias de la Feria del Libro de Guadalajara (FIL), en México. Con ese título de un libro de John Katzenbach y el seudónimo de Obélix, el bondadoso personaje de ficción que aparece en los comics de Asterix, está compitiendo por un importante premio literario. El escritor y periodista Sergio Olguín ganó con Oscura monótona sangre, un thriller intenso que transcurre entre la Villa 21 y Barrio Norte, los 30 mil euros de la V edición del Premio Tusquets Editores de Novela. El jurado, presidido por Juan Marsé e integrado por Almudena Grandes, Jorge Edwards, Elmer Mendoza y Beatriz Moura, elogió la obra ganadora por “la sabia estructura y la magnífica resolución de una trama de obsesión y doble moral, de pasión y conflicto social, en la que se ve envuelto el protagonista, un hombre ejemplar hecho a sí mismo, dispuesto, no obstante, a traspasar todos los límites por una relación inconfesable”. En diálogo con Páginal12, Olguín dice que esta novela representa “un cambio fuerte” en su línea habitual, más próxima al humor. La escritura de la novela premiada empezó con una pequeña idea que se transformó en una obsesión. “Me molesta el modo en que los medios de comunicación tratan superficialmente el tema de la inseguridad –confiesa–; entonces imaginé un personaje de clase media acomodada, pero de origen pobre, que va a la villa y deconstruye su propia vida. Si a este empresario lo asesinaran, se hablaría de inseguridad. Pero cuando matan a un adolescente en una villa, esa muerte no es inseguridad.”

Al empresario Julio Andrada, el protagonista de Oscura monótona sangre, le gusta rumbear por la Avenida Amancio Alcorta –un secreto que no comparte con nadie– para “sumergirse” en los barrios humildes que le recuerdan su origen social y le devuelven la medida exacta de su éxito y ascenso social. Un día se detiene en una parrilla de Pompeya y escucha una conversación entre unos camioneros sobre la prostitución juvenil en uno de los barrios próximos a su trayecto habitual, la Villa 21. Hay pulsiones inefables, misteriosas; pero lo cierto es que esa mañana marcará el principio del fin. Andrada se sorprenderá a sí mismo contratando los servicios de Daiana, una adolescente que le provocará un borbotón incontenible de deseo. El empresario paradigmático, el vecino ejemplar en su cruzada contra los cartoneros, el padre de familia de pura cepa empecinado en proyectar una imagen perfecta, no quiere sacar los trapitos al sol; al contrario, planificará con aplomo y fría inteligencia su doble vida. Pero este “doblete” lo obligará a tomar decisiones rápidas y a adoptar medidas más “comprometidas”.

Olguín, nacido en Buenos Aires en 1967, afirma que se encuentra en el momento más importante de su carrera. El título de la obra ganadora lo tomó de un verso del poeta italiano Salvatore Quasimodo: “No sabré nada de mi vida,/oscura monótona sangre/”. A diferencia de sus anteriores novelas, Lanús (2002), Filo (2003), El equipo de los sueños (2004) y Springfield (2007), hay un tono desesperanzado y un final violento. “Es una novela corta, pero muy intensa, en la que ocurren muchas cosas; es como una película de una hora y media que atrapa al espectador y no puede dejar de mirarla”, subraya el escritor, que trabaja como periodista desde 1984; fundador de la revista de cultura V de Vian, que dirigió hasta 1999, y actual jefe de redacción de Lamujerdemivida. El autor define a la criatura que protagoniza su novela como “un hombre que se ha hecho a sí mismo”. Andrada, el hombre en cuestión de unos 60 años, tiene una fábrica en Lanús y vive en un departamento en Barrio Norte. “La fábrica la heredó del anterior dueño, un hombre sin familia que le dio la oportunidad de trabajar. Aunque mantiene esa fábrica como símbolo de su propio crecimiento y tesón, se dedica a otros negocios. Tiene una empresa de servicios de construcción y ha hecho mucho dinero en los años ’80 y ’90 con la especulación financiera; le presta dinero a un prestamista, lo que sería un usurero al cuadrado”, bromea el escritor, identificado con la narrativa argentina de los años cincuenta del grupo Contorno y con escritores como David Viñas, Bernardo Kordon, Abelardo Castillo, Miguel Briante y Ricardo Piglia, entre otros.

Cuando Andrada comienza sus excursiones sexuales por la villa, se mete en problemas y se transforma en su propio enemigo. “Me interesaba trabajar con esta provocación social de un tipo de plata en un contexto de carencia, pero sin que la novela incurra en lo moral ni tenga un mensaje, sino dejándole librado al lector la ambigüedad de este personaje; que por momentos cae muy mal, pero que también despierta compasión por el modo en que se autodestruye y porque no se siente muy incómodo con la clase media en la que se mueve”, precisa Olguín. Narrada en una tercera persona muy pegada a la nuca de Andrada –“al mejor estilo George Simenon, autor al que intenté imitar hasta el plagio”, reconoce el escritor–, hay un personaje secundario, la hija de Andrada, que estudia psicología en una universidad privada, que parece tener, como su padre, también una doble vida. “Esa chica algo oculta, por la manera de comportarse y por lo que dice”, subraya Olguín.

La preocupación de Andrada por los cartoneros que deambulan por las calles del edificio de Barrio Norte, donde es presidente del consorcio, sería una subversión de sus inmersiones en los barrios bajos. “Quise reflejar la irrupción del mundo burgués metido en la villa, y el mundo de los cartoneros en el corazón de un barrio burgués”, plantea el escritor. “Sería la contracara de Cabecita negra, de Germán Rosenmacher, porque ya no son los cabecita negra que acechan en las casas de los burgueses para conseguir lo que no tienen, sino las clases medias que se me meten en la villa para buscar lo que no tienen: sexo.” Aunque no esté explicitado el peronismo y antiperonismo, Olguín admite la presencia soterrada de esta tensión de clases “entre el señor burgués y el obrero que conviven en Andrada”.

Hacé click aquí para descargar el primer capítulo

28 mayo, 2010 at 2:37 pm Deja un comentario

La burbuja de Bertold – Agrimbau e Ippóliti

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La tan elogiada burbuja de Bertold

A partir de la edición argentina, el lector puede ahora disfrutar de la premiada historieta La Burbuja de Bertold, obra del escritor Diego Agrimbau y el dibujante rosarino Gabriel Ippóliti. Un mundo oxidado, que está roto y demasiado viejo.

Fuente: Rosario/12 04/04/2010

Por Leandro Arteaga

El mundo está roto, viejo, oxidado, mientras un poder ya rancio se cubre y protege a través de una gran burbuja. Esto -y mucho más es lo que se percibe desde la lectura de la edición reciente y argentina de una de las últimas historietas más elogiadas y premiadas en Europa. El título es La Burbuja de Bertold. Sus autores son Diego Agrimbau (guión) y Gabriel Ippóliti (dibujos). El primero vive en Buenos Aires. El segundo aquí cerquita, en Funes; y si el lector es memorioso, recordará su firma y calidad excepcional como la compañía gráfica, durante varios años, de uno de los diarios de esta ciudad.

En cuanto a La Burbuja de Bertold decir que ha sido premiada como Mejor BD (bande desinée) en el Festival de Ciencia Ficción Utopiales, Nantes, Francia, 2005; obtuvo el Palmarés 2006 du Prix lycéen de la bande desinée, en el Festival de Colomiers, Francia, 2006; y fue seleccionada como una de las quince obras del año 2005, para el Gran Premio de la Crítica, que entrega la Asociación de Críticos de la BD, Francia, 2005. Y bien, por fin y como se debe, una edición argentina -a cargo de Historieteca conoce las bateas y, habrá que destacarlo, con una calidad impecable.

“Los comentarios siempre tenían que ver con cuándo se iba a poder leer o con que estaba muy caro. La verdad es que es una oportunidad interesante. Porque se produce el retorno del trabajo que uno hizo, pero con gente de acá. Eso es lo más importante, poder saber qué le pareció al lector, conocer sus comentarios y expectativas”, señala a Rosario/12 el dibujante Gabriel Ippóliti.

“Fue el primer trabajo que, en historieta, hicimos juntos (con Agrimbau), y me enganché enseguida porque me gustó mucho. De hecho, lo disfrutamos enormemente mientras lo hicimos. Fue sorpresivo que, siendo un trabajo tan personal, haya tenido tal recibimiento, con tantas buenas críticas. Se siente una gran satisfacción ante algo semejante”.

En La Burbuja de Bertold la ley castiga a partir del desmembramiento. Estamos en la ciudad de Butania, plena Patagonia. Las víctimas de este apocalipsis de herrumbre sobreviven en las calles que circundan a la gran burbuja, especie de cápsula feudal. Bertold, sin miembros más con lo que condonar castigos, sólo goza de su voz. Será un maestro titiritero el que lo incluya dentro de su nueva gran obra. Pero Bertold sabrá cómo, una vez y otra, reinterpretar lo que la letra exige.

“Fue, en su momento, la concreción de un sueño para el que me había estado preparando desde muy chico. Apenas empecé a leer historietas supe que quería  dedicarme a esto. Publicar un álbum con estilo francés era una meta desde siempre, ya que era el tipo de historieta que más me gustaba en mi etapa formativa. También significó comenzar a colaborar con Gabriel Ippóliti, que es el dibujante ideal para la mayoría de mis guiones. Juntos formamos una dupla creativa que nos ha deparado muchas satisfacciones y trabajo constante”, apunta Agrimbau a este diario.

Tal como lo expresa el guionista, el vínculo creativo proliferó hacia una segunda parte -El Gran Lienzo , y en la consecución, con la obra Planeta Extra, de uno de los galardones más prestigiosos del mundo de los cuadritos: el Primer Premio Internacional de Cómic Planeta De Agostini, España, 2009.

“La Burbuja -prosigue Agrimbau siginificó la entrada la mundo profesional y a los mercados europeos. Además de Argentina, ha sido publicada en Francia, España, Grecia y tal vez pronto en Italia. Pero lo más importante es que me abrió el camino hacia el profesionalismo, hacia el oficio, palabras que no tienen tan buena prensa hoy por hoy, pero que a mi no avergüenzan en lo más mínimo.”

Acerca de la resolución plástica del trabajo, tan bella, tan cuidada, Ippóliti apunta que “luego de haber leído el guión, nos pusimos a charlar acerca del ambiente que había que darle, para ponernos de acuerdo con la atmósfera. En general, primero se sitúa el escenario y después uno va haciendo lo que tiene en mente. A medida que iba avanzando, lo iba chequeando con el guionista”.

Hay un aire gráfico que recuerda a Enki Bilal.

También algunos críticos hicieron referencia a Bilal pero, en realidad, cuando empezás a trabajar no sos consciente de tal o cual dibujante. Mucha gente relacionó mi trabajo con el suyo, aunque Bilal trabaja mucho con el color y dibuja de una manera que, si bien no es fotográfica, es realista. En verdad, su dibujo es muy distinto del mío. A lo mejor uno está hilando muy fino pero, salvando las distancias, al mirar un cuadro de Velázquez uno puede encontrar parecidos con Rembrandt, pero sin embargo son distintos.

La narrativa de Agrimbau -quien se reconoce cercano al espíritu de Horacio Altuna y de Ricardo Barreiro es móvil, dinámica; el guionista reconoce que “me aburriría hacer siempre lo mismo. Es por eso que ahora, luego de hacer mucha ciencia ficción o costumbrismo, estoy metiéndome en géneros diferentes como la fantasía o el histórico. Me interesa, por un lado, trabajar con la materia misma de la secuencialidad del medio. Y por el otro, a nivel de las historias, mi interés siempre fue poder crear mundos y personajes desde cero, tangibles y verosímiles, que cobren vida a través de la trama”.

La oportunidad de acercarse al mundo de Ippóliti y Agrimbau es ahora posible. “Antes que nada es un alivio -agrega Agrimbau , porque yo vivo con mucha angustia el hecho de que el grueso de mi producción sea siempre para Europa y no pueda ser leído en mi país. Es por eso que hasta ahora siempre reservaba parte de mis historietas, como El Asco, Camping o El Campito, para el mercado local. Pero lo correcto es que se pueda leer todo, especialmente obras como La Burbuja de Bertold, que han tenido mucha importancia en mi desarrollo como autor”.

Desde una línea que nos remite a la mejor historieta de autor, la que ha hecho de Argentina un lugar tan querible e historietísticamente referencial, La Burbuja de Bertold es signo de lo tanto que se hace y de lo poco que podemos leer.

Gabriel, ¿el rostro de Bertold tiene tus rasgos o me equivoco?

Ah, muchos dijeron eso también, tendré que ir a un psicólogo a ver qué me pasa, porque no fue algo consciente.

Página de la Editorial Historieteca

Blog de Diego Abrimbau

Página de Gabriel Ippóliti

13 mayo, 2010 at 7:01 pm Deja un comentario

Libro del día: Cuentas pendientes de Martín Kohan

En su última novela, Cuentas Pendientes, Martín Kohan retoma la dictadura como trasfondo, luego de la célebre Ciencias Morales que le valió el Premio Herralde y está pronta a convertirse en película, el humor como dialecto y la infatigable tarea de escudriñar la relación entre el escritor y la literatura.

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Martín Kohan / Cuentas Pendientes y Los Cautivos

Fuente: Blog de Inrokuptbles . 14/04/2010

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Lo sabe cualquier lector memorioso de esta revista: Martín Kohan puede ser muy gracioso. No es que pretenda hacer chistes, pero a partir de observaciones de detalles cotidianos, la puesta en evidencia de los malos entendidos, los juegos de palabras, como hizo durante tantos años en su columna Correo argentino, suele terminar dibujando una sonrisa indeleble en el lector. El crítico agudo y riguroso, el profesor universitario, el lector de Benjamin y Adorno, el novelista galardonado que reescribió varios episodios de la historia argentina –sí, claro. Pero cuando a la prosa de Kohan se le sale la chaveta, no hay con qué darle: hace desternillar de risa.

Aunque en muchos de sus libros haya ramalazos de humor dispersos aquí y allá, cualquier lector memorioso de la obra de Kohan seguramente recuerde a Los cautivos (2000) como una novela extremadamente divertida, de cabo a rabo. Y para aquellos que no la leyeron, una buena noticia: acaba de ser reeditada en formato de bolsillo. Los cautivos trenzaba dos historias –la de un grupo de gauchos que rodeaba una casa en la que había un escritor y la travesía de una mujer viajera– y daba con una parodia pampeana desatada en diálogo irreverente con los dos textos seminales de Esteban Echeverría: El matadero y La cautiva.

Después fue el turno de la última dictadura (Dos veces junio), de la tensión entre la alta y la baja cultura (Segundos afuera), la teoría revolucionaria marxista (Museo de la revolución), y otra vez la dictadura en Ciencias morales. Ganadora del premio Herralde 2007 (por estos días está siendo llevada al cine por Diego Lerman), Ciencias morales es tal vez la novela de Kohan en la que el humor brilla por su ausencia, más que ninguna otra. Un brillo gris y gélido recubría los pasillos del Colegio Nacional Buenos Aires en los estertores de la última dictadura, a principios de los ochenta, por donde deambulaban alumnos, profesores y preceptores. La novela era a su vez un retrato de la percepción de su protagonista, una preceptora que en su medianía apocada encarnaba una de las últimas terminaciones nerviosas del aparato represivo. Con materiales a priori similares (un personaje gris que estuvo implicado de algún modo, en su momento, con la dictadura), en Cuentas pendientes, contra todo lo esperado, Kohan vuelve a desplegar su faceta más jocosa.

Giménez tiene unos ochenta años, o al menos eso nos cuenta el narrador. Vive solo en un departamento en planta baja desde que hace unos años se separó de Elvira, su mujer de toda la vida. Pero Elvira sigue viviendo en el mismo edificio, algunos pisos más arriba, y noche por medio baja y le toca el timbre para hacerle a Giménez la vida imposible. Elvira “ya no es capaz de proferir otra cosa que el historial condensado, pero exhaustivo, de los errores y los fracasos de Giménez en la vida”. Giménez, jubilado del barrio de Belgrano, suma algunos pesos extra haciendo unas changuitas para Vilanova, un militar retirado que se dedica al negocio de los usados y las autopartes. A Vilanova también lo conoce de toda la vida, de hecho en su momento, a fines de los setenta, le “facilitó” a Giménez una hija de origen incierto, Isabel, que con Elvira criaron como propia, siempre ocultándole su verdadera identidad. Queda claro después de cada uno de los encuentros en un bar que el tipo de servidumbre que Giménez entabla con Vilanova es de algún modo similar a la que entabló buena parte de la clase media que colaboró o miró para otro lado durante el Proceso. Sin embargo, eso se explica más por el hecho de que la clase media (cuanto más “media”, mejor) suela ser la caja de resonancia predilecta de Kohan, que por el afán alegórico de Cuentas pendientes, que es casi inexistente.

Todo lleva a pensar la novela, hasta la página ciento veinte, como un retrato descarnado y sarcástico de los días de Giménez. Cómo se gasta esos pesitos de más que junta en una puta casi tan vieja como él, cómo elude al dueño del departamento hace meses para no pagarle el alquiler, cómo escatima cada peso que tiene antes de gastarlo, sus mezquindades, los achaques físicos de la vejez, todo retratado con humor y sordidez. Parece que viene por ahí el planteo, pero no. Así como Kohan no intenta contar chistes pero sin embargo a veces resulta muy divertido, sus novelas no apuestan por la anécdota, aunque cada vez se muestre como un narrador más afilado. Y cuando el lector empieza a preguntarse si efectivamente Giménez tiene ochenta años o menos, a preguntarse dónde quiere llegar el narrador con todo esto, si no está desplegando una crueldad extrema con sus criaturas, si no se pasó de la raya, Kohan hace un juego de manos, un malabarismo. Y esa autoconsciencia literaria, que está siempre presente en sus novelas de algún modo u otro, en Cuentas pendientes se fragua narrativamente mediante un leve y progresivo cambio del punto de vista. Así, la voz narrativa pasa de una tercera persona omnisciente a una primera atribulada. Una y después otra vuelta de tuerca hacen que las cosas ya no sean lo que parecían, y en ese mismo movimiento marcan una toma de partido de Kohan por el lugar de la ficción y, en última instancia, de la literatura toda.

Matías Capelli

Anagrama. 184 páginas.

Debolsillo. 174 páginas.

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Podés encontrar a Martín Kohan leyendo su obra en la audiovideoteca del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Sarlo sobre Cuentas Pendientes

Reseña en Perfil

Reseña en La Nación

Reseña y entrevista en Ñ

11 mayo, 2010 at 12:24 pm 2 comentarios

Libro del día: Tu mano izquierda – Laura Meradi

tumanoizquierdaTu mano izquierda

Laura Meradi

Editorial Alfaguara

174 páginas

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Nueva enfant terrible de la literatura argentina, Meradi nos trae su primera novela.

Ya la conocíamos desde el revuelo que generó su primer libro, Alta rotación, una crónica del trabajo precarizado de los jóvenes en el país, o tal vez desde las páginas de la revista La mujer de mi vida en la que Laura publicaba sus cuentos.

Pero esta es su primera novela y no habla de ningún trabajo, ni es un guión, como los que supo escribir. Acá la protagonista es la niña Cecilia.

laurameradiY rescatamos un poco de la contratapa que dice: “De eso habla Tu mano izquierda: de la fuerza de los deseos infantiles, de la seducción y la sensualidad, de la guerra despiadada que una niña -cualquier niño- entabla con sus padres y sus hermanos. Un relato para no olvidar lo que fuimos: niños deseantes, sexuados, perversos, temerosos, desesperados de amor”

Aquí un link a un breve cuento

Y aquí una entrevista con video y todo, aunque sí, advertimos, el tema central es su anterior libro: Alta rotación.  Pero bueno, parece que en la web todavía no hay reseñas del libro. Paciencia, en cualquier momento la reseñamos!

15 septiembre, 2009 at 9:06 pm 1 comentario

Libro del día: Objetos maravillosos – Juan Diego Incardona

objetos maravillososObjetos maravillosos

Juan Diego Incardona

Editorial Tamarisco

80 páginas

$18

[el precio está sujeto a modificaciones posteriores de la editorial]

Juan Diego Incardona nació en 1971. Vivió la mayor parte de su vida en Villa Celina, partido de La Matanza. Fabrica, desde hace más de 10 años, objetos de alpaca, plata y bronce, que ofrece como vendedor ambulante en plazas y bares porteños. Dirige la revista El Interpretador (www.elinterpretador.net) y administra el blog diasqueseempujanendesorden.blogspot.com.

Publicó relatos en diversas antologías y a mediados de 2008 editó su libro Villa Celina por Editorial Norma

“Querés deleitar tus ojos con unos objetos maravillosos? ¿Querés ver los mejores anillos? Dale, no reprimas tus deseos. Ellos están ansiosos por abrazar tus dedos. No hay adjetivos para describir lo bien que te quedan. Pero ciudado, porque tienen inmensos poderes afrodisíacos y te pueden sacar de tus cabales”.

Juan Diego incardona viaja desde Villa Celina hasta Palermo como vendedor ambulante, ofreciendo los anillos que él mismo fabrica. Entre la crónica y el diario, este relato autobiográfico reelaborado en base a los materiales cotidianos de su blog nos ofrece aventuras surcadas por la épica urbana y las sensibilidades que la atraviesan.

21 julio, 2009 at 6:41 pm Deja un comentario


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