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Disco del día: I just dropped by to say hello – Johnny Hartman

I just dropped by to say Hello – Johnny Hartman
Impulse 1963
La grave y aterciopelada voz de Johnny Hartman se ha ganado su lugar en el centro del corazón del jazz, aunque no en su tiempo.
Hartman fue, probablemente, el mejor cantante de baladas de su generación y muchas posteriores, siguiendo el camino del otro gran baladista negro, Billy Eckstine. Su interpretación es profundamente sentida. No deja pasar una sóla palabra sin cargarla con todo lo que lleva dentro. Y aun así no empalaga. Cuando se lo escucha cuesta creerlo…
John Maurice Hartman nació en Chicago en 1923 y cantó desde muy chico en el coro de su colegio lo que le valió una beca en el Chicago Musicall Colege.
Luego de la Segunda Guerra Mundial ingresó como cantante en la banda del pianista Earl Hines al ganar un concurso realizado por este. Pero la banda de Hines duró sólo un año más, tras lo cuál fue reclutado por el genial Dizzy Gillespie para cantar también junto a su banda. Sin embargo la voz de barítono y el carácter dulce y melancólico de Hartman no terminaba de acomodarse al vibrante bebop de Dizzy.
Su carrera tuvo enormes obstáculos. Luego de la ruptura de la banda de Dizzy en 1949, Hartman intentó llevar adelante una carrera de solista sin demasiado éxito.
Su voz derretía corazones cantando hermosas baladas, hablando de amor, del amor, correspondido o no, de un hombre negro. Esto no era tan atractivo en los Estados Unidos de la década del ’50, donde la idea de un negro seduciendo mujeres con un estilo similar al de los blancos resultaba peligroso para la moral pública.
Recién en el año 1963 graba el que pasaría a la historia como su mejor álbum y uno de los mejores álbumes de baladas de jazz de todos los tiempos.
Coltrane, ni más ni menos, una de las claves del jazz experimental de la década del sesenta y padre en parte, de todo el jazz posterior, grabó con él John Coltrane & Johnny Hartman. Cortito y al pie. El único disco de Coltrane con un cantante y una experiencia religiosa para quienquiera lo escuche, llevó a Hartman al inmediato reconocimiento del mundo del jazz que, como sabemos, es difícil de conquistar.
Interpreta en ese disco exquisitas versiones de “They say is wonderfull”, “Lush life” y la increíble “Autumn serenade”.
Más tarde en ese mismo año graba el disco solista que presentamos hoy, menos reconocido y valorado que el anterior, pero igual de hermoso, I just dropped by to say hello, con un repertorio extraordinario que incluye “Charade” y “In the wee small hours”. Acompañado por el pianista Hank Jones, el contrabajista Milt Hinton y el baterista Elvin Jones, goza también de las guitarras de Jim Hall y Kenny Burrel en algunos tracks y del saxo tenor de Illinois Jacket en cinco de ellos.
Aun así Hartman no era un cantante de jazz por completo. Él cantaba baladas, amaba las baladas, las deshacía y volvía a inventar, ese era su mundo.
A partir del ’63 la carrera de Hartman prosiguió su curso en forma poco comercial y mediática, grabando muchas veces fuera del país, donde la furia del rock & roll no había, todavía, barrido el romanticismo del todo.
Muere en 1983, sin penas ni gloria.
Recién 12 años después de su muerte el director y profundo amante del jazz, Clint Eastwood, utiliza algunas de sus baladas como banda de sonido de su película Los puentes de Madison.. El furor es inmediato. Hartman deja de ser un pequeño secreto entre algunos expertos del jazz y pasa a la gran escena sin poder, lamentablemente, disfrutar este momento.



